Por la sola ausencia del propio ser.

Texto que tomo prestado el día de hoy de un amigo muy cercano que me conoce mas de lo que yo siquiera puedo imaginarme:

Por la sola ausencia del propio ser, en un momento poco oportuno tal vez, a la sombra de un árbol, apareció él, sin sentido entró al mundo, sin expectativas y a su vez optimista. Todo era paz en un primer momento, algo que llegó a disfrutar y por desgracia a dar por sentado.

Estaba tan estable y tranquilo que no quiso nada más, así antes de caer en la cuenta se encontraba queriendo, queriendo que todo siguiera igual, ignorando por completo el destino amorfo de las cosas que cambian.

DECEPCION PRIMERA

En ese momento el árbol se quebró por algún motivo y así la realidad comenzó a mostrarse.

El sintió, por ese cambio, un quiebre en la dicha, que hasta entonces lo había acompañado, con el quiebre vino la decepción primera. Ignorando el dolor del árbol lo culpó por su decepción.

Eso fue hasta que la luz del día quemó sus ojos y el frío de la noche azotó su cuerpo, entonces culpar al árbol no fue suficiente para su atormentado corazón, en se momento conoció el odio. Odió al árbol por haber causado la luz cegadora y el frío gélido.

DECEPCION SEGUNDA

Eso fue hasta una mañana, antes de que pudiera acostumbrarse al calor del sol, que este no apareció por el horizonte. La ausencia de aquello que causaba su dolor le produjo una satisfacción que le recordaba la paz del primer momento. Pero pronto llegó la decepción segunda, en forma de pesadas gotas dispuestas a golpear su piel y desmentir el aparente regreso al primer momento, conoció entonces la nostalgia, y por el dolor que sentía, miró el árbol, lo culpo nuevamente y destiló más odio.

DECEPCIÓN TERCERA Y CONTINUA

Eso fue hasta que vio algo que nunca antes había visto. Alguien que no era él estaba allí, con otros iguales detrás. Sin indagar demasiado en sus pensamientos, solo esperaba que le devolviera la paz del primer momento y fue alentador cuando este ser que no era él, se acercó al árbol caído. Lo miró por un tiempo, ese tiempo le pareció muy largo, aquel otro decía cosas al árbol y a sus iguales, que él no podía entender. Luego lo miró de frente, murmuró algo in entendible y se fue como vino, con sus pares detrás. Se dio cuenta entonces de que el que no era él no iba a devolverle la dicha del primer momento, más bien había ido buscando la propia dicha. Y con esa conclusión entró en la tercera decepción, los que no eran como él no iban a devolverle la dicha, por que ni siquiera sabían donde estaba. Así aprendió a despreciar a los que no eran como él.

RECUERDOS

Eso fue hasta que el viento se volvió tormentoso y lo movió hasta más allá de las raíces del árbol caído. Así volvió a él la nostalgia, ya que ahora extrañaba al árbol, sin recordar con claridad la paz del primer momento, ni el odio y quiso volver, moviéndose hasta aquel árbol, al que seguía culpando con tristeza, pero tras un intento fallido lo creyó imposible y no podía olvidar que los que no eran como él podían moverse, los odió por eso.

EL OTRO

Eso fue hasta que junto a él apareció un brote, que fue creciendo hasta volverse un árbol.

Por un instante creyó que la dicha volvería, pero a pesar de estar el árbol, la dicha no aparecía. Este árbol no era como el suyo, no traía consigo la dicha, aunque tampoco la decepción, sí el recuerdo de lo perdido y el de la culpa de su propio árbol.

 Eso fue hasta que, por la sola ausencia del propio ser, apareció también junto a él un ser que le resultó similar a si mismo.

Al principio no sabía como juzgarlo, desde ningún punto de vista que él pudiera encontrar aquel similar a él mismo, le había causado sufrimiento o decepción, así que no podía odiarlo.

Pero al verlo por un instante, notó que este ser similar tenia una expresión de paz que él conocía, la dicha del primer momento, pero eso era imposible, él estaba ahí y esa no era la dicha, ese no era el árbol y definitivamente ese no era el primer momento, este ser similar debía estar muy confundido y eso le causó gracia, así encontró una satisfacción, ya que él por lo menos había conocido la verdadera dicha y se sintió más que este ser.

Así, se sintió apegado a este ser, ya que a su lado él era más. Y sin darse cuenta se movió hasta el similar y se quedó a su lado.

EVASION

Así fue hasta que el árbol crujió. Ante una inminente caída él decidió prevenir a aquel que era similar sobre lo que pasaba cuando ya no había árbol, algo que había aprendido sin desearlo. Así le habló a aquel que se le parecía de lo que le iba a pasar, de lo que iba a sentir y  a quienes iba a odiar, omitiendo el por que, ya que se había desdibujado con el correr del tiempo, a su vez invitando al ser semejante a encontrar razones para todo.

Eso fue hasta que por fin la expresión de paz en la cara del similar, se volvió sombría como la suya y él se alegró por ello. Le evitó el golpe de las decepciones, explicando como padecer el entorno, aunque el árbol no se hubiera caído aun y antes de que la aparente dicha se disipara por completo.

Y bajo el árbol del semejante siguen estando, aquel que perdió su dicha y aquel a quien le fue arrebatada.

Autor: Grisser.

Las mentes solitarias ( english translation coming soon)

Había una vez un cerebro que enviaba y recibía información. Este cerebro, pertenecía a una persona, naturalmente; pero también estaba convencido de pertenecer a si mismo.

Llegado el caso, este cerebro llegaba a sentirse solo en el mundo, ya que hasta la misma persona que ostentaba su posesión a veces parecía olvidarse por completo de él.

Y así fue como dicho órgano de pensamiento empezó a comunicarse consigo mismo. Al principio a nadie le parecía raro, no era la primera vez que otras personas y otros cerebros veían a una persona y/o cerebro repitiéndose cosas en voz alta para no olvidarse de algo. Es una técnica para la memorización aceptada en todo el mundo.

Pero hubo cierto umbral… en el que ya no se trataba simplemente de repetir algo para si mismo, si no de decirlo en voz alta, para ver qué era lo que el propio cerebro podía contestarse a si mismo.

Al principio, no eran mas que una o dos contestaciones, pero con el tiempo, estas interacciones se convirtieron en conversaciones completas, en debates acalorados, en desacuerdos tan estridentes y chocantes que parecía que… que…

que dos cerebros estaban ocupando el lugar de uno solo.

La persona, que tenía que convivir con esa “lucha de cerebros” en su interior, pasó mucho mas tiempo del que se puede llegar a creer sin demostrar ningún síntoma grave. Incluso, al principio, era la misma persona la que fomentaba la interacción entre su cerebro real y su “cerebro imaginario”. Pero hubo cierto punto a partir del cual todo quedó fuera de su control.

Los cerebros discutían, día y noche, y no hacían ninguna pausa ni silencio; analizaban todo lo que los rodeaba y trataban de tomar tantas decisiones como pudiesen; querían probar todo, excitar todos sus sentidos, inspirarse indefinidamente, consumir la variedad natural del universo e incluso…

…descifrarla.

Finalmente, la persona que era dueña (o había sido adueñada) de sus cerebros y sus mentes, encontró y aceptó ayuda. Se le recetó una dosis de drogas zombificadoras y ahora sus cerebros están mas tranquilos.

Pero a pesar del sufrimiento, y a pesar de haber estado tan sola como para ser rehén y prisionera su propia mente, a la persona se le otorgó un regalo de parte de sus discutidores cerebros.

La variedad del universo, y aquello que lograría descifrarla, quedó revelado en forma de delirio, a lo largo de todos los apuntes y papeles que los cerebros habían estado usando para discutir y debatir.

Aquello que le daría sentido a todo, había quedado en manos de un zombie, que ahora, se sentaba a contarle al mundo sobre cómo es que sobrevivió a la existencia de dos mentes solitarias encerradas en su cabeza.